3er. Domingo de Adviento

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Diciembre 2010

Iglesia de la Esperanza. Alcorcón

 

Este es el testimonio de Juan cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas para

preguntarle: ¿Quién eres tú?. Él confesó y no negó, confesó: Yo no soy el Cristo. Y le preguntaron: ¿qué pues? ¿Eres tú Elías? Él dijo: no lo soy. ¿Eres tú el profeta? Respondió: no. Entonces le dijeron ¿quién eres, pues, para que le demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo? Dijo él: Yo soy voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías […] ¿Por qué pues bautizas, si no eres tú el Cristo, ni Elías ni el profeta? Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mi y a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia...

(Del evangelio de Juan)

 

Raban Shimon Ben Gamaliel dijo: El mundo perdura en virtud de tres cualidades: la justicia, la verdad y la paz, pues fue dicho: administrad la verdad y el juicio de paz en vuestros portales.

(Cap. 1, Mishna 18, Pirkei Abot)

 

El Evangelio es también un mensaje de denuncia, porque pone al descubierto la maldad y el pecado del hombre, y, por tanto, la injusticia. De hecho, mientras no estamos dispuestos a aceptar nuestro pecado no podemos ni entender ni vivir la acción liberadora de Jesucristo. Solamente cuando nos liberamos de nuestro temple interno de esclavitud es que podemos comenzar la reconstrucción del Hombre Nuevo. Es entonces cuando dejamos de actuar en nuestro propio beneficio.

 

Fijémonos en Jesús de Nazaret, ese de quien se nos llena la boca de decir que es nuestro Señor, nuestro referente; Él nunca actuó de esa forma, ninguna de sus acciones estuvieron dirigidas a llamar la atención sobre si mismo, al contrario, siempre estuvo al servicio de las personas para aliviar sus sufrimientos, sus penas, sus esclavitudes. Es por ello que su mensaje es tan crítico a veces.

 

¡Ay de los puritanos y santones! -decía- Tanto ayer como hoy, parece que sigue vigente esa necesidad de salvaguardar una imagen de rectitud y obediencia a la sana doctrina, aunque en nuestro interior sigamos manteniendo toda clase de recelos, incluso perversiones. Jesús denunció y sigue denunciando frontalmente tal actitud.

 

Nosotros, como iglesia, somos ahora la voz en el desierto, el mensajero que anuncia la llegada de un Nuevo Reino. Sería pues conveniente y sano que revisásemos nuestras actitudes y conductas. En nuestra sociedad sobra imagen y falta actitud y verdad, y eso nos pasa factura a todos.

 

Rvdo. Juan Larios

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