Adviento 2010

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“Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria. Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca. También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. 
 De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.  El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” 

Del evangelio de Lucas

Sabemos de una triple venida del Señor. Además de la primera y de la última, hay una venida intermedia. Aquellas son visibles, pero ésta no. En la primera, el Señor se manifestó en la tierra y convivió con los hombres, cuando, como atestigua él mismo, lo vieron y lo odiaron. En la última,

todos verán la salvación de Dios y mirarán al que traspasaron. La intermedia, en cambio, es oculta, y en ella sólo los elegidos ven al Señor en lo más íntimo de sí mismos, y así sus almas se salvan […] Esta venida intermedia es como una senda por la que se pasa de la primera a la última: en la primera, Cristo fue nuestra redención; en la última, aparecerá como nuestra vida; en ésta, es nuestro descanso y nuestro consuelo.

Y para que nadie piense que es pura invención lo que estamos diciendo de esta venida intermedia, oídle a él mismo: El que me ama —nos dice— guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él. He leído en otra parte: El que teme a Dios obrará el bien; pero pienso que se dice algo más del que ama, porque éste guardará su palabra. ¿Y dónde va a guardarla? En el corazón, sin duda alguna, como dice el profeta: En mi corazón escondo tus consignas, así no pecaré contra ti…

De S. Bernardo, Abad. Sermón 5 en el adviento del Señor.

Adviento, advenimiento, parusía, es decir, presencia ya comenzada. Presencia de Dios en la Tierra en la persona de Jesús de Nazaret desde su nacimiento. Pero ojo, no se trata de recordar y celebrar solamente lo acontecido hace tanto tiempo, sino de vivir su presencia liberadora que sigue aconteciendo ¿Dónde? En nuestras vidas, en la sociedad, en el mundo, en la medida en que le acogemos. Esperar ¿Cómo? Haciendo el camino, es decir, caminando; proclamando que es posible aquella realidad que cantara el profeta, donde las espadas se tornarán en arados y las lanzas en podaderas, donde ya no se enfrentará más nación contra nación. 

Pero hay que andar ligero de equipaje ¿recuerdas? “sin bolsa ni bordón”… o quizás bordón solamente, como verso quebrado que repite al final de cada paso lo que el Señor ha hecho por nosotros, templando el tono de nuestro caminar. Andar ligeros, sin egoísmos, solo el Amor, pues solo por él sabrán a quién seguimos, lo demás no es más que alimento para la frustración, para la idolatría.

Es hora, por tanto, de despertar del sueño o pesadilla y abrazar la esperanza, ponernos en camino hacia ese lugar donde el Señor será todo en todos y esperar confiados.

Rvdo. Juan Larios

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