Francisco Javier Alonso (Iglesia Episcopal del "Poderoso Salvador" de Vigo)
Fui ordenado sacerdote de la Iglesia Ortodoxa en el año 2007. La llamada del Señor, que llegó a mi corazón de forma gradual y progresiva, fue el único motivo que me llevó a consagrar mi vida para dar a conocer su Palabra.
Como hombre casado y padre de tres hijos y "peinando ya canas", la única
alternativa en aquel momento para completar mi formación pastoral fue estudiar en un seminario ortodoxo, primero con la Iglesia de Ucrania y posteriormente en el Patriarcado de Serbia, donde recibí la quirotonía como presbítero por el Obispo de Europa Occidental, España y Portugal Vladyka +Luka.
Con el paso del tiempo sentí que mi fe cristiana crecía, arropada por la profunda mística que subyace en la Liturgia Ortodoxa, pero las formas y la praxis ortodoxa resultaban "extrañas" para mi cultura occidental. También le ocurría lo mismo a la feligresía gallega que formaba parte de mi parroquia. Se percibían cálidamente la Gracia y la presencia de Cristo en los oficios, pero la rigidez litúrgica y eclesiológica suponían un handicap añadido. Y digo esto sin ánimo de crítica, en absoluto. Es solamente una opinión personal, que parte de mi experiencia humana y pastoral. De hecho, sigo manteniendo cordiales contactos con los antiguos rectores de las otras parroquias ortodoxas de Vigo y Coruña. Compartimos, como es obvio, la misma fe y somos hermanos en Cristo. Cambiar de jurisdicción cristiana por motivos de conciencia o personales ha sido, es y será una práctica habitual y no excepcional entre las distintas denominaciones confesionales.
Pero se añadieron además otros motivos, que fueron los que finalmente me hicieron tomar la decisión de solicitar la recepción en la Iglesia Española Reformada Episcopal - Comunión Anglicana. Por mi formación profesional la "razón" o la "crítica razonable" siempre han estado presentes en todos los actos de mi vida cotidiana. Encontré que en el anglicanismo la Razón, iluminada por la fe, nos ayuda a entender y aplicar en situaciones específicas la doctrina y práctica de la Iglesia. La Iglesia Anglicana fomenta entre sus fieles el uso de la razón para explorar y comprender las obras de Dios y para tomar decisiones moralmente responsables.
La dignidad humana y la igualdad entre todas las personas forman parte fundamental de los valores anglicanos, de una forma plena, coherente y actual. Tenemos el ejemplo de arzobispos anglicanos destacados, como el ugandés Janani Luwum, reconocido como mártir del siglo XX, o el sudafricano Desmond Tutu, luchador incansable por la justicia en Sudáfrica, un país que estuvo dominado por una de las formas más terribles y dramáticas de discriminación racial, el "Apartheid". Vi en la iglesia anglicana un cristianismo social, respetuoso y abierto, a imagen fidedigna de Cristo.
En el anglicanismo es materia de práctica y disciplina el reconocer la completa participación en el Cuerpo de Cristo de todos los hijos e hijas de Dios, incluyendo la llamada a la ordenación de mujeres al sacerdocio y al episcopado. Esta digna y valiente decisión pone a la Comunión Anglicana como referente de una iglesia reformada y actual, que sigue la Tradición y la Palabra de Dios en consonancia con el siglo XXI, devolviendo a la mujer el papel que le corresponde en igualdad de condiciones con el hombre, como hijos todos de Dios, sin discriminaciones. El sometimiento social y religioso al que fue sometida la mujer a lo largo de los siglos queda definitivamente abolido en la Iglesia Anglicana. En lo social y religioso le devuelve a la mujer la dignidad como persona, en pie de igualdad con el resto de sus hermanos en la fe. ¿No es eso, acaso, lo que haría Cristo hoy en día? ¿Incluso mucho antes, probablemente?
El funcionamiento profundamente democrático de la forma de gobierno de las iglesias de la Comunión fue otra grata sorpresa. En la Iglesia Episcopal el clero, los laicos y los obispos tienen amplia participación en el gobierno general de la misma. Se celebran Asambleas de feligresía para elegir a sus líderes, la Asamblea Diocesana o Sínodo Diocesano, con representación de todos los fieles, y de igual forma se hace lo mismo a nivel internacional. El eje de esta estructura eclesial entronca con los valores modernos de democracia participativa, de igualdad social y de transparencia interna.
La Comunión Anglicana ha sido pionera en el Ecumenismo, en el diálogo fraternal, teológico y de cooperación social entre los cristianos de diversas iglesias y denominaciones. También en el Diálogo Interreligioso con otras confesiones. La conferencia de Edinburgo que, en 1910, reunió a varias denominaciones evangélicas, contó también con la activa presencia de la Iglesia de Inglaterra. Cuando en 1948 se fundó el Consejo Mundial de Iglesias, con sus filiales en diversas partes del mundo, los anglicanos fueron los primeros en responder y comprometerse en este diálogo, que persiste en la actualidad.
Por todo ello me identifiqué de inmediato con la IERE y tomé la decisión de solicitar la recepción en la misma. Fue como "regresar a casa de nuevo". Hoy tenemos una pequeña capilla en pleno centro de Vigo y una feligresía comprometida, que cada domingo acude alegre y esperanzada a escuchar la Palabra del Señor y participar de sus Santos Dones. Mi hermano José Antonio, profesor de música y director de coral, dirige magistralmente el coro parroquial. Antes era subdiácono de la Iglesia Ortodoxa y en junio será recibido como Lector Seglar por Don +Carlos López en Madrid.
Quiero desde aquí agradecer al Rvdmo. Don +Carlos López Lozano, obispo diocesano de la IERE, su apoyo y consejo durante los meses anteriores a la recepción en la IERE de la congregación de Vigo, que culminó con la entrega de la Licencia Eclesiástica en febrero de este año, después de sucesivas reuniones y encuentros. Y al Revdo. Teófilo Revilla, de la Iglesia Episcopal de Cristo de Pontevedra, que junto a su esposa Sandra, siempre nos han estado apoyando fraternalmente. Con ellos hemos compartido diversos oficios litúrgicos en Vigo y Pontevedra, guiados sabiamente por la mano experimentada del Revdo. Revilla.
Damos gracias al Señor por habernos iluminado para emprender nuestra misión pastoral en Vigo, arropados por la fraternal acogida de nuestros hermanos en la fe. Al fin y al cabo, "El Señor conoce a los suyos" (2 Timoteo 2:19).
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