Es un asunto de gran importancia poder discernir, en el inmenso cúmulo de opiniones y pronunciamientos sobre la persona de Jesucristo, algunas pautas que nos permitan organizarlas en conjuntos más o menos estructurados.La discrepancia de opiniones sobre la persona y doctrina de Jesús de Nazaret, no es en absoluto cosa de hoy. Los mismos Evangelios reflejan la existencia de posturas contradictorias en los coetáneos de Jesús. Por su parte, las expresiones usadas en dichos Evangelios para referirse a la persona de Jesús (Maestro, Señor, Hijo de Dios, Hijo del Hombre…) han podido y pueden todavía dar pie a diversos planteamientos antropológicos y teológicos.
Voy a intentar centrarme en las que considero las tres principales tendencias ideológicas, hoy día existente, cuando se trata de enjuiciar y valorar la persona y doctrina de Jesucristo.
- La postura espiritualista
Cuenta con una significativa tradición doctrinal, a través de planteamientos gnósticos de diversa índole, los cuales la interpretación mayoritaria (católica, ortodoxa…) rechazó siempre como “herejías”. Por otra parte, es la que mejor reflejaría la opinión que de Jesús tienen las principales religiones no cristianas, tales como el Hinduismo, el Budismo, el Islamismo y la Fe Baha’i. Asimismo, ésta sería la tendencia mayoritaria en movimientos espiritualistas, tales como la francmasonería tradicionalista, el teosofismo y la new-age.
Para estas tendencias, si bien con matices diferenciales en cada caso, el hombre Jesús de Nazaret fue un “iniciado” de alto nivel, un “maestro”, el cual habría realizado en si mismo las más altas potencialidades espirituales, hasta llegar a convertirse en profeta, e incluso en avatar, es decir: en una Manifestación de la Divinidad, adecuada para representar y proclamar la doctrina perenne a una determinada parte de la Humanidad, en un marco espacio-temporal singular.
En apoyo de esta tesis, suelen aducirse diversos pasajes evangélicos y, en general, neotestamentarios, susceptibles de ser interpretados en un sentido interior, espiritual, etc.
Esta interpretación tiende a valorar, no tanto la persona singular de Jesucristo, sino el estado o nivel espiritual que dicha persona alcanzó y que, según se afirma, sigue estando a la disposición de aquellos que, teniendo las cualificaciones pertinentes, se atrevan a intentar alcanzarlo.
Por otra parte, desde este punto de vista se tiende a desdeñar, e incluso a no considerar en absoluto, los aspectos sociales del mensaje cristiano, así como todo lo relativo al sacrificio expiatorio de Jesús en la cruz y su posterior resurrección, que son interpretados –en todo caso- desde un punto de vista simbólico e intemporal (1)
- La postura materialista
Es una postura que también se dio en la antigüedad, tanto por parte de los judíos que no creyeron en Jesús ni le aceptaron como Mesías, como por parte de determinados pensadores y políticos romanos que enjuiciaron de modo eminentemente negativo a los cristianos y a su líder, considerándolos elementos subversivos, no sólo para el orden social y político del Imperio, sino incluso también en cuanto a su efecto pernicioso en la cultura y valores (sobre todo, los de la élite instruída). Es el caso, por ejemplo, del filósofo Celso y su obra: “Discurso verdadero contra los cristianos”
También podríamos considerar próximos a esta tendencia, a aquellos pensadores y escritores que, desde la izquierda política, han valorado al hombre Jesús de Nazaret como líder de un movimiento eminentemente social que, debido a tergiversaciones espiritualistas por parte de sus discípulos lejanos (especialmente Pablo de Tarso) fue desvirtuándose progresivamente, hasta convertirse en una “religión”, parangonable al resto de ellas, por cuanto habría trasladado la lucha por un cambio radical en las condiciones de vida de los más desfavorecidos, a la utópica esperanza en una vida ultraterrena para los “buenos” y u castigo ejemplar para los “malos”.
Para los exponentes de esta tendencia, las declaraciones mesiánicas y los títulos atribuidos a Jesús, son expresiones de las expectativas de transformación de la realidad que un día concibieron sus discípulos. Jesús se convierte así en el líder de una revolución siempre pendiente, por cuanto sus objetivos nunca pueden ser totalmente alcanzados, dada su extrema radicalidad.
En apoyo de sus tesis suelen aducir aquellos pasajes evangélicos en particular y bíblicos, en general, con un mayor contenido social y reivindicativo, así como aquellos que dejan traslucir la esperanza en un futuro mejor. En contraposición, tienden a infravalora los textos de carácter espiritual y devocional, así como todos los que aluden al carácter redentor de la muerte de Cristo, ya que para ellos, la muerte de Jesús fue la que cabía esperar en un líder revolucionario y expresa, ante todo, el carácter maligno del sistema, es decir: el orden social y político establecido. Los milagros y todos los hechos sobrenaturales relacionados con Cristo tendrían, según ellos, un significado alegórico y en ningún modo se refieren a hechos reales (2).
- La postura “ortodoxa” (el cristianismo católico o histórico)
Es la que siempre han defendido, y todavía defienden, las Iglesias Cristianas de cualquier denominación (católica-romana, anglicana, ortodoxa y evangélica) en base al fundamento suministrado por los llamados “credos católicos”, en los que se recopilan aquellas verdades que, por amplio consenso y a través de un proceso de elaboración teológica no exento de tensiones y dificultades, constituyen el legado de la Iglesia Indivisa de los primeros siglos.
Esta postura tiene su punto de arranque en la llamada “declaración de fé del apóstol San Pedro” (Mateo 16: 13-20) en la que éste reconoce en Jesús al Mesías Prometido (el Cristo) y al Hijo de Dios. Estas afirmaciones tuvieron una gran importancia la hora de configurar el Cristianismo Histórico, ya que por una parte permitían afianzar la continuidad entre Jesucristo y las expectativas mesiánicas del Antiguo Testamento, configurando una unidad de desarrollo doctrinal, por cuanto en ellas se establecía uno de los puntales del cristianismo ortodoxo: la encarnación del unigénito Hijo de Dios en la persona de Jesús de Nazaret, hijo de María.
Esto supone una clara ruptura con la que hemos llamado “postura espiritualista”, por cuanto se afirma la especificidad total de la naturaleza divina del Cristo y su unión excepcional e irrepetible con la naturaleza humana de Jesús de Nazaret, en una única persona, a la vez histórica y trascendente.
En relación con la que hemos denominado “postura materialista”, la opinión ortodoxa afirma que todos los hechos sobrenaturales referidos al Cristo, incluídas su resurrección y ascensión a los cielos, son rigurosamente ciertos y reales, aunque puedan tener también otras lecturas, alegóricas o simbólicas.
En lo relativo a los “aspectos sociales” del mensaje, el cristianismo histórico está dispuesto a asumir una gran parte de los mismos, aunque nunca en detrimento de los contenidos espirituales, ya que el mensaje liberador de Jesucristo es también un mensaje redentor, siendo el mismo Jesús quien exige a sus discípulos que “amen a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismos” (Lucas 10: 25-28) y que en múltiples ocasiones liga de modo indisoluble las cuestiones “materiales” y las “espirituales”, como por ejemplo sucede en la curación de un paralítico, que va unida al perdón de sus pecados (Marcos 2: 1-12).
Asimismo, los títulos de “Hijo del Hombre” y “Señor”, aplicados a Jesucristo en los Evangelios, hacen patente la consideración escatológica que recibe su persona y que se concreta en varias epístolas paulinas.
En suma, la postura ortodoxa (católica, histórica…) aunque puede compartir algunos aspectos parciales de las dos posturas anteriores, se diferencia claramente de ellas en la consideración absolutamente excepcional de la persona y doctrina de Jesucristo y en el carácter sacrificial y redentor de su muerte.
Creo obligado decir, aunque pueda sonar molesto o discordante hoy día, que esta última postura es la única que puede reivindicar, sin incurrir en falsificaciones o equívocos, la denominación de “cristiana” (3).
- Consideraciones finales
Debo aclarar que este escrito no es, ni pretende ser, un ensayo teológico. Su única pretensión es de tipo pedagógico. Sólo pretendo ayudar a los cristianos más jóvenes y a cualquier lector interesado en estos temas, pero no excesivamente formado, a orientarse y discernir….para llegar a te-tener una opinión personal, adecuadamente fundamentada.
Soy consciente de que reducir un tema complejo a una tipología relativamente simplificada, con sólo tres opciones a las que acogerse…., puede comportar el riesgo de no ser lo suficientemente respetuoso con quienes tengan otras opiniones, también respetables, o con aquellos que se encuentren en una especie de “encrucijada”, con simpatías hacia unas u otras opiniones…, pero sin terminar de decantarse por ninguna.
No obstante, y para finalizar ya, creo que las ventajas de poner por escrito estas reflexiones van a ser más que los inconvenientes de no hacerlo, o de extenderme demasiado, con el riesgo obvio de “perderme por las ramas”.
Josep Lluis Mira i Conca (Iglesia de San Pablo – Alicante.

(1) UN EJEMPLO DE LA PRIMERA INTERPRETACION
Un ejemplo de la interpretación espiritualista. Fijémonos en el subtítulo (que hasta cierto punto aclara lo que el autor entendió por “la segunda venida de Cristo”): LA RESURRECCION DEL CRISTO QUE MORA EN TU INTERIOR.
Yogananda nació en Gorakhpur (India), en el seno de una familia de clase alta, con el nombre de Mukunda Lal Gosh. Según Sananda (su hermano menor), Mukunda tenía desde niño consciencia y experiencias extraordinarias de lo espiritual. En 1917, Yogananda fundó una escuela para muchachos en Dihika (Bengala Occidental), combinando técnicas pedagógicas modernas con la enseñanza del yoga y los ideales espirituales. Un año después, la escuela se trasladó a Ranchi, y más tarde se convirtió en la Yogoda Satsanga Society de India, que es la rama india de la organización de Yogananda en EE. UU., Self- Realization Fellowship (SRF).
En 1920 se embarcó hacia Estados Unidos, invitado a participar como delegado representante de India en el Congreso de Liberales de la Religión que se celebró dicho año en Boston. Ese mismo año fundó la sociedad Self-Realization Fellowship (SRF) y dio conferencias durante varios años por la región de la costa este de EE. UU., emprendiendo una gira de conferencias en 1924, a las que asistían miles de personas.
El principal objetivo de la sociedad SRF fue diseminar las antiguas prácticas y filosofía del yoga, especialmente el kriya - yoga, enseñado por su maestro Swami Sri Yukteswar y los maestros anteriores a él en su linaje de gurús. En 1924, después de una gira por todo EE. UU., se estableció en Los Ángeles (California), en una finca ubicada en Mount Washington, donde ha estado siempre la sede del trabajo administrativo de su obra, que ha continuado creciendo hasta el presente. Yogananda fue el primer maestro hindú de yoga que se estableció permanentemente en EE. UU., donde vivió desde 1920 hasta 1952, salvo una visita a India (entre 1935 y 1936).
Sus principales enseñanzas hacían énfasis en experimentar y realizar a Dios a través de la meditación y el uso de ciertas técnicas de yoga llamadas kriy?-yoga. Los practicantes actuales de kriya ioga lo describen como un «antiguo» sistema de yoga, consistente en una serie de técnicas de pranayama diseñadas para acelerar rápidamente el desarrollo espiritual y crear un estado profundo de tranquilidad y de unión con Dios.
Yogananda publicó la historia de su vida en 1946 bajo el título de Autobiografía de un yogui, que es apreciada en su género como un éxito de ventas y ha sido traducida a 25 idiomas. En 1999, la editorial Harper Collins (que lo publicó) lo declaró uno de los «100 libros más importantes del siglo XX». En este libro, Yogananda describe su infancia, su juventud, y el tiempo de su búsqueda espiritual.
En la revista Time de agosto de 1952, Harry T. Rowe (director del Forest Lawn Memorial, el cementerio donde reposan sus restos) declaró que 20 días después de haber muerto, el cadáver de Yogananda se encontraba sin «indicios de corrupción».
(2) DOS EJEMPLOS DE LA SEGUNDA INTERPRETACION
JESUS SEMINAR
El Seminario de Jesús fue originalmente formado en 1985, bajo el patrocinio del Instituto Westar, para "renovar la búsqueda del Jesús histórico." Treinta académicos participaron en la primera reunión, y ahora, aproximadamente 200 personas se denominan "miembros." El Seminario se reúne dos veces al año para debatir documentos técnicos que han sido preparados y compartidos con anterioridad. Por lo general, cada documento se orienta hacia la disección de pasajes bíblicos. Al término del debate de cada documento, los miembros del Seminario utilizan cuentas de colores para votar sobre la "autenticidad de las palabras u obras de Jesús" cubiertas por la escritura diseccionada.
La meta del Seminario de Jesús es, supuestamente, el "separar los hechos históricos de la mitología." Esta meta fue originalmente declarada en el discurso inaugural de Robert Funk, en la primera reunión de 30 "académicos" en Berkeley, California (marzo 1985).
Desde esa primera reunión en 1985, el Seminario ha rechazado la resurrección de Jesús de entre los muertos, el nacimiento a través de la virgen, todos los milagros encontrados en los relatos de los evangelios, y más del 80% de las enseñanzas normalmente atribuidas a Jesús. Todos estos registros bíblicos han sido rechazados porque miembros del Seminario han determinado que son simplemente adiciones legendarias, sin ningún fundamento histórico.
El trabajo del "Seminario" se desarrolló en su primera etapa entre los años 1985 al 1993. Consiste de un grupo de 74 estudiosos elegidos por los propios (y primeros) miembros. Pocos de este grupo son parte de la elite académica del mundo teológico que actualmente estudia la figura de Jesús. Más aún, la inclinación de estas personas corresponde de manera marcadamente desproporcionada ¡por no decir exclusiva! al sector liberal de la teología moderna, excluyendo a los conservadores.
¿Cuáles son sus premisas? Aunque en principio pretenden negarlo, los componentes de este grupo parten de una premisa anti-sobrenaturalista. Niegan el elemento milagroso de los Evangelios porque no creen en lo sobrenatural. Es imposible, dicen, que los milagros registrados en los Evangelios fueran realizados por Jesús. De manera particular, afirman enfaticamente que el relato de la resurrección de Jesús no se corresponde con la realidad histórica. Por ejemplo, J.D.
Crosan, co-fundador del "Seminario" escribió lo que sigue, en relación a la resurrección de Lázaro:
"Yo presumo que Jesús no le sanó y que tampoco podía sanar ésta ni ninguna otra enfermedad, curó la enfermedad de ese pobre hombre, rehusándose a aceptar la suciedad ritual y el ostracismo social asociado a la enfermedad.
Yo entiendo, por lo tanto, la historia de Lázaro como un proceso encarnado en un evento y no al revés. Yo no creo que persona alguna, en cualquier lugar, vuelve los muertos a la vida."
FUENTES:
http://menteabierta.es/html/articulos/ www.allaboutreligion.org/spanish/seminario-de-jesus.htm

LA TEOLOGIA DE LA LIBERACION
Las ideas bases para el inicio de la Teología de la Liberación surgen a partir de la vida del sacerdote guerrillero colombiano Camilo Torres Restrepo (1929-1966), quien fue miembro del movimiento guerrillero Ejército de Liberación Nacional de Colombia, muerto como resultado de su primer combate contra el Ejército regular. El ejemplo de Camilo Torres Restrepo fue tomado por otros sacerdotes y católicos laicos, que posteriormente tratarían de continuar su obra no sólo en Colombia, sino en toda América. El sacerdote asturiano Gaspar García Laviana, influenciado por el espíritu de la Teología de la Liberación tomó las armas en la Nicaragua de Somoza.
El Papa Juan Pablo II solicitó de la Congregación para la Doctrina de la Fe dos estudios sobre la Teología de la Liberación: Libertatis Nuntius de 1984 y Libertatis Conscientia de 1986. En ellos se argumentaba básicamente que, a pesar del compromiso radical de la Iglesia con los pobres, la disposición de la Teología de la Liberación a aceptar postulados de origen marxista o de otras ideologías políticas no era compatible con la doctrina, especialmente en lo referente a que la redención sólo era posible alcanzarla con un compromiso político.
Si hubiera que resumir la idea central de la Teología de la Liberación en una sola frase, sería "opción preferente por los pobres".
¿Cuál es la novedad? ¿La Iglesia no estuvo siempre caritativamente atenta al sufrimiento de los pobres? La diferencia -capital- es que el cristianismo de la liberación ya no considera a los pobres como simples objetos de ayuda, compasión o caridad, sino como protagonistas de su propia historia, artífices de su propia liberación. El papel de los cristianos comprometidos socialmente es participar en la "larga marcha" de los pobres hacia la "tierra prometida" -la libertad- contribuyendo a su organización y emancipación sociales.
Aunque existen divergencias significativas entre los teólogos de la liberación, en la mayoría de sus escritos encontramos repetidos los temas fundamentales que constituyen una salida radical de la doctrina tradicional y establecida de las Iglesias católica y protestante:
* Una implacable acusación moral y social contra el capitalismo como sistema injusto e inicuo, como forma de pecado estructural.
* El uso del instrumento marxista para comprender las causas de la pobreza, las contradicciones del capitalismo y las formas de la lucha de clases.
* La opción preferente a favor de los pobres y la solidaridad con su lucha de emancipación social.
* El desarrollo de comunidades cristianas de base entre los pobres como la nueva forma de la Iglesia y como alternativa al modo de vida individualista impuesto por el sistema capitalista.
* La lucha contra la idolatría (y no el ateísmo) como enemigo principal de la religión, es decir, contra los nuevos ídolos de la muerte adorados por los nuevos faraones, los nuevos Césares y los nuevos Herodes: el consumismo, la riqueza, el poder, la seguridad nacional, el estado, los ejércitos; en pocas palabras, "la civilización cristiana occidental ".
(3) UN EJEMPLO DE LA TERCERA INTERPRETACIÓNFRAGMENTO DE LA ENCÍCLICA “DOMINUS IESUS” (con algunas adaptaciones que no comprometen el sentido global)
Capítulo 1: Plenitud y definitividad de la revelación de Jesucristo
Para poner remedio a la mentalidad relativista, cada vez más difundida, es necesario reiterar, ante todo, el carácter definitivo y completo de la revelación de Jesucristo. Debe ser, en efecto, firmemente creída la afirmación de que en el misterio de Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado, el cual es "el camino, la verdad y la vida" (cf. Jn 14,6), se da la revelación de la plenitud de la verdad divina: "Nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar" (Mt 11,27). "A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha revelado" (Jn 1,18); "porque en él reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente" (Col 2,9-10).
(………) Por tanto, Jesucristo -ver al cual es ver al Padre (cf. Jn 14,9)-, con su total presencia y ma-
nifestación, con palabras y obras, señales y milagros, sobre todo con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos, y finalmente, con el envío del Espíritu de la verdad, lleva a plenitud toda la revelación y la confirma con el testimonio divino [...]. La economía cristiana, como la alian-
za nueva y definitiva, nunca cesará; y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo (cf. 1 Tm 6,14; Tit 2,13)". (10)
Por esto la encíclica Redemptoris missio propone nuevamente a la Iglesia la tarea de proclamar el Evangelio, como plenitud de la verdad: "En esta Palabra definitiva de su revelación, Dios se ha dado a conocer del modo más completo; ha dicho a la humanidad quién es. Esta autorrevelación definitiva de Dios es el motivo fundamental por el que la Iglesia es misionera por naturaleza. Ella no puede dejar de proclamar el Evangelio, es decir, la plenitud de la verdad que Dios nos ha dado a conocer sobre sí mismo". Sólo la revelación de Jesucristo, por lo tanto, "introduce en nuestra historia una verdad universal y última que induce a la mente del hombre a no pararse nunca".
Es, por lo tanto, contraria a la fe de la Iglesia la tesis del carácter limitado, incompleto e imperfecto de la revelación de Jesucristo, que sería complementaria a la presente en las otras religiones. La razón que está a la base de esta aserción pretendería fundarse sobre el hecho de que la verdad acerca de Dios no podría ser acogida y manifestada en su globalidad y plenitud por ninguna religión histórica, por lo tanto, tampoco por el cristianismo ni por Jesucristo.
Esta posición contradice radicalmente las precedentes afirmaciones de fe, según las cuales en Jesucristo se da la plena y completa revelación del misterio salvífico de Dios. Por lo tanto, las palabras, las obras y la totalidad del evento histórico de Jesús, aun siendo limitados en cuanto realidades humanas, sin embargo, tienen como fuente la Persona divina del Verbo encarnado, "verdadero Dios y verdadero hombre" y por eso llevan en sí la definitividad y la plenitud de la revelación de las vías salvíficas de Dios, aunque la profundidad del misterio divino en sí mismo siga siendo trascendente e inagotable. La verdad sobre Dios no es abolida o reducida porque sea dicha en lenguaje humano. Ella, en cambio, sigue siendo única, plena y completa porque quien habla y actúa es el Hijo de Dios encarnado. Por esto la fe exige que se profese que el Verbo hecho carne, en todo su misterio, que va desde la encarnación a la glorificación, es la fuente, participada mas real, y el cumplimiento de toda la revelación salvífica de Dios a la humanidad, y que el Espíritu Santo, que es el Espíritu de Cristo, enseña a los Apóstoles, y por medio de ellos a toda la Iglesia de todos los tiempos, "la verdad completa" (Jn 16,13).
Autor: Joseph Card. Ratzinger, prefecto (hoy Papa con el nombre de Benedicto XVI)
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