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Ser Iglesia en una sociedad consumista

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Javier Ballaz - El presente artículo pretende ser una llamada de atención a la iglesia de la realidad de una misión a llevar a cabo en medio de una sociedad consumista como la de la España del siglo XXI.

 

Para ello queremos, en primer lugar, echar un vistazo al fenómeno en sí del consumismo en nuestro país para, seguidamente, enfocar esta realidad desde la óptica de la Missio Dei encomendada a la iglesia.

 

Evidentemente este es un asunto lo suficientemente complejo como para que nuestra intención sea sólo la de una aproximación tentativa al tema. Sin embargo, sí que trataremos de establecer algunos principios que ayuden al lector a navegar con éxito por entre el caudal de ansia consumista que caracteriza a la sociedad en la que Dios ha querido establecernos como embajadores.

 

 

I. EL CONSUMISMO, UN HECHO CONSTATABLE.

 

La sociedad española experimentó profundos cambios en las últimas décadas del pasado siglo. En el aspecto económico será, sobre todo, a partir de los 60s cuando se desarrolla un nuevo paradigma en cuanto a los hábitos de consumo, a través del cual la respuesta a preguntas tales como: qué comprar, para qué hacerlo y de qué manera; evidenciará que nuestro país se engancha al tren consumista que, para esa fecha, lleva ya un tiempo dando vueltas por Europa.

 

Hay quien sugiere que la tardía incorporación de España al tren consumista europeo responde a una cuestión de tipo religioso. A tenor de los estudios del famoso economista y sociólogo alemán Max Weber, la teología calvinista sería el fundamento principal para el surgimiento del capitalismo de los siglos XVII y XVIII en Europa1 Desde esta perspectiva, la poca repercusión de la Reforma en España y el, por otro lado, significativo peso del catolicismo hasta finales del siglo pasado, habrían contribuido a retardar el hambre consumista que se expande por una Europa en disposición de producción a gran escala, una vez garantizada la satisfacción de las necesidades básicas de sus ciudadanos.

 

Sin embargo, en un mundo cada vez más globalizado, todo acaba por pegarse, lo bueno y lo malo. Los medios de comunicación -y los litorales costeros en verano- muestran a unos vecinos europeos llevando un estilo de vida el cual deseamos imitar. De alguna forma el consumismo habría de calar allí donde el elemento humano, por humano, es seducido por el canto de sirena del poseer, acumular y por el placer producido en el proceso2. Y tanto nos encandiló el tema que hemos acabado incluso adelantando a franceses, alemanes, ingleses ... y muchos de aquellos que en algún momento nos precedieron3.

 

Esta tendencia tuvo -y sigue teniendo- una fuerte repercusión en la sociedad y en los individuos4. 

 

Fijémonos en la estructura urbanística de las grandes ciudades, cada vez más descentralizadas en sus núcleos urbanos y, a su vez, rodeadas de grandes espacios comerciales5. Analicemos la tendencia de las personas a convertir precisamente esos espacios en lugares de ocio, donde pasar la tarde con los niños o los amigos y, a la vez, hacer la compra.

 

En principio, nada tiene de malo el desear una vida cómoda, libre de estrecheces y en la que se disfrute al máximo del fruto de nuestro trabajo y esfuerzo. El problema es que este cambio de hábitos que, en principio, pudiera parecer inocuo, conlleva un peligro aparejado. La seducción del consumismo, el afán por poseer más allá de lo necesario y sin una reflexión que le preceda, lleva consigo el peligro de la adicción de acumular6 y la consecuencia del endeudamiento y todo lo que esto supone y trae consigo7. Al final el individuo se cataloga por lo que tiene más que por lo que es y entra en una vorágine consumista en la cual las musas se esconden entre las estanterías repletas de productos para susurrar al oído del afamado comprador:“tú puedes, no vas a ser menos” o, parodiando al anuncio televisivo: compra, “porque tú lo vales”

 

II. NECESIDAD DE UNA MISIÓN CONTEXTUALIZADA

 

Todos somos hijos de nuestra cultura. Con esto queremos señalar que participamos de una misma forma de pensar, hacer las cosas, sentir... que hemos ido aprendiendo con el tiempo de una manera refleja, es decir, sin que la voluntad tome partido activo en el proceso. De esta manera, analizar nuestra propia cultura con cierta objetividad requiere un esfuerzo.

 

Los expertos nos dicen que la cultura puede interpretarse como un texto8. Si nosotros mismos somos parte de esa cultura determinada tenemos la ventaja de que nuestro acercamiento, además de "ético" -desde fuera de la cultura, a través de información obtenida de otras fuentes- pueda ser, también, "émico" -sentir y experimentar la cultura de primera mano- y es bueno que esto sea así.

 

Tal y como expondría el misionólogo y antropólogo Paul Hiebert “...el reconocer nuestra común humanidad con otras personas es el primer paso en la construcción de relaciones de amor y confianza que pueden cruzar profundas diferencias que nos separan a “nosotros” de “ellos” (Hiebert ,s.f.,6)

 

Pero, dicho esto, la iglesia que desarrolla su misión en una sociedad consumista, como la española, debiera de tener algo que decir al respecto y -muy importante- debiera de ser capaz de decirlo bien, de la manera adecuada hacia provocar un cambio en las personas y generar, en la mayor medida posible, un cambio social que -por decirlo así- redima la cultura de aquellas fallas que atentan contra el propósito de Dios para la vida y la existencia humanas. Yo diría que la tarea de la iglesia aquí debe de ser doble: exponer un ejemplo y, a la vez, expresar una denuncia ante la sociedad que la circunda y de la cual participa.

 

La iglesia ejemplo de un uso adecuado de los recursos económicos

 

Es aquí cuando la teoría ha de convertirse en práctica. Es aquí cuando los valores y principios del evangelio hacen mella en el creyente proveyéndole una nueva visión que transforma todas las áreas de su vida, incluyendo su disposición hacia el consumo. Y es esto lo que queremos comunicar, desde nuestra propia experiencia particular y la de la comunidad de la cual participamos.

 

Según algunos expertos9 la motivación de compra obedece a las siguientes cuestiones:

 

1. La voluntad de satisfacer necesidades

2. Necesidad de seguridad emocional

3. Beneficios materiales o utilitarios

4. Necesidad de imagen o prestigio social

5. Efecto de imitación social

 

Lo que queremos expresar a nuestros conciudadanos es que ninguna de estas "necesidades" se satisface plenamente a través de la adquisición de bienes de consumo. La solución es más profunda, requiere de una transformación al nivel de ideas y de la visión interna, solo accesible –así lo creemos desde un punto de vista cristiano- al poder transformativo del Espíritu a través de la Palabra.

 

La Misión de la iglesia consiste en llamar a las personas a la aceptación a través de la fe de un Dios Creador, al cual podemos conocer de manera personal -sobre todo en base a la obra redentora de Jesús- , el cual ha establecido unas normas morales y las ha impreso en nuestro corazón, quien dio inicio a la existencia y ha establecido un final que dará paso a otra dimensión en la cual la verdad y la justicia se harán plenas. Cuando el ser humano interioriza esta realidad nosotros somos testigos del poder de la Verdad va generando en él un nuevo carácter, unas nuevas relaciones con los demás y con su entorno y unos nuevos hábitos, también en lo que a un consumo responsable se refiere.

 

El hombre y la mujer que pone su fe en ese Dios comienza un camino hacia el descubrimiento de que la satisfacción de las necesidades profundas, el ser capaz de dar una respuesta que haga sentido a las preguntas existenciales, libera del ansia de tener que buscar satisfacer el vacío interior a través de iconos temporales. El conocimiento de la Verdad libera al hombre de la tiranía de las emociones escondidas y, además, es una fe que funciona, que permite llevar una existencia más equilibrada en lo personal, familiar, laboral y en todas las esferas de la vida. Y, al final, incluso, nos admirarán, en el fondo lo harán y querrán saber el porqué de nuestro contentamiento sean cuales fuesen las circunstancias.

 

La iglesia al lado de los que sufren las consecuencias de la vorágine consumista.

 

La iglesia en una sociedad consumista como la nuestra es llamada, también, a desarrollar un ministerio profético, de denuncia, pero desde la compasión y desde la trinchera de los que sufren de manera especial las consecuencias de este mal social que nos circunda10.

 

Los efectos del consumismo, en realidad, no lo son sólo al nivel económico para el que se endeuda, o al nivel espiritual o psicológico, sino que también inciden en el plano político, social e, incluso, ecológico. Tal y como expone Enrique Fidel: “El control por los recursos no sólo no crea riqueza en los países que los poseen, sino que fomentan el subdesarrollo, las desigualdades sociales, el hambre, la pobreza, la contaminación del aire y del agua, la enfermedad y, en suma, la miseria en su más amplio sentido...La deslocalización de las grandes multinacionales en los países pobres se justifica sólo por su voracidad por obtener cada vez mayores beneficios y aumentar su productividad explotando, despreciando y abusando de las personas que elaboran su productos. Contaminando y destruyendo el medio ambiente de los lugares donde se asientan” (Fidel,2007, 1)

 

Es aquí, también, que la iglesia debiera de dejar oír la voz de un evangelio que presenta a un Dios que se coloca la lado de los pobres, que detesta la injusticia y presentar ella misma la alternativa de una comunidad que vive bajo los valores del Reino en proceso. En palabras del Dr. Enrique Fernández: “Estos son ahora portadores, embajadores representando a Dios mismo en el mundo, no solo en términos del mensaje que comunican, sino también en el estilo de vida, el sistema de valores y la cosmovisión que manifiestan e implementan en el mundo” (Fernández, 2009,8) Con todo lo que somos y lo que decimos, somos llamados a expresar nuestra disconformidad con la explotación de unos para satisfacer el desenfreno de otros.

 

Para finalizar, creo que es requerido que las iglesias locales promuevan iniciativas para dejar oír su voz más allá de las puertas de sus templos participando y colaborando en acciones de carácter social, a través de foros de discusión, literatura...Hemos de buscar por todos los medios que el evangelio permee nuestra sociedad y que esto produzca cambios que contribuyan a redimir nuestro mundo del mal y a acercar y extender el Reino que Jesús inauguró con su venida y que establecerá en perfección al término de la actual realidad presente.

 

 

1 Tomado de Javier Mauricio Pérez. La influencia de Calvino en el capitalismo temprano de los siglos XVI y XVII. www.recursosteologicos.org El mismo autor añadirá: "Además de esto debe decirse que Calvino fue leído con una mentalidad y durante una época en la que ya se estaba gestando el capitalismo, pues el surgimiento de la empresa, las bancas y el comercio ya se estaban dando en Europa” p.7

2 Tal y como expone Antonio Cruz: “El fin supremo de la vida es, para el postmoderno, conseguir placer...Es el pensamiento cartesiano, transformado en postmoderno por Kundera, del “siento placer al comprar, luego existo”

3 Según Alfonso Rebollo, “...la propensión al gasto en consumo de los españoles es aún relativamente elevada en comparación con los países de la UE”

4 “Actualmente la dimensión económica ha penetrado de manera influyente en el sistema ideológico de las personas a tal grado que los aspectos social, cultural y político de sus vidas giran en torno a los patrones económicos” Hernández, José R. El olvido del intelectual en la cultura contemporánea. p.5

5 Según David Andalete, en España hay 447 centros comerciales y la prueba de esta tendencia se demuestra, por ejemplo, según el autor mediante algunos casos concretos: “La prueba está en el nuevo barrio de Sanchinarro, en Madrid, donde en breve vivirán más de 4000 familias. Es un escenario fantasmal. No hay colegios, ni centros de salud, ni parques, ni plazas; pero ya funciona, desde hace un año, un inmenso centro comercial de 55.000 metros cuadrados y seis plantas.”

6 Ibid “Según el informe europeo sobre los problemas de adicción al consumo, un 15% de la población padece una adicción importante a la compra y un 3% llega a la compulsión patológica”

7 Ibid “En 2004, la cantidad de dinero que deben las familias españolas creció un 20%, muy por encima de los ingresos”

8 Dr. Enrique Fernández. Interpretando la cultura a la luz de la misión de Dios, p.1

9 Aquí me estoy refiriendo al estudio realizado por Enrique Fidel, titulado: “Consideraciones éticas y teoría del consumo”

10 Para una comprensión clara del ministerio profético es importante atender a las palabras del Dr. Enrique Fernández al respecto: "Estos hombres y mujeres de Dios no presentaron un mensaje meramente espiritualista, sino un mensaje que trastocaba y trastornaba las mismas estructuras de las ideas, tendencias, y movimientos que atentaban contra los propósitos de Dios para su creación." ¿Misiones mundiales o Missio Dei? p.5

 

BIBLIOGRAFÍA

– Andalete, David. España: Consumismo a cualquier precio. Solidaridad.net, 2005

– Cruz, Antonio. Postmodernidad: El evangelio ante el desafío del bienestar. Universidad FLET, 2002

– Fernández, Enrique. ¿Misiones mundiales o Missio Dei? Notas de clase de ProMETA, 2009

– Ibid. Interpretando la cultura a la luz de la Misión de Dios. Notas de clase de ProMETA, 2009

– Fidel, Enrique. Consideraciones éticas y teoría del consumo. Tomado de Urban Idade, 2007

– Hernández, J.R. El olvido del intelectual en la cultura contemporánea. Tomado de www.uv.mx, 2009

– Hiebert, Paul. Misiones y antropología. Grand Rapids

– Milá, Ernesto. Reflexiones sobre España y los españoles. Tomado de Infocrisis.blogia.com, 2010

– Pérez, J.M. La influencia de Calvino en el capitalismo temprano de los siglos XVII y XVIII. Tomado de www.recursosteologicos.org,

– Rebollo, Alfonso. La estructura de consumo en España. Instituto Nacional de Consumo. Madrid, 2001

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